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Cambio climático: la otra crisis mundial

Muchos éxitos de taquilla de Hollywood se han realizado en torno a catástrofes naturales. Sin embargo, pocas personas imaginaron que un virus podría paralizar nuestras vidas ¡durante más de un año!

Si bien la pandemia de COVID-19 ha dominado los titulares, la amenaza del cambio climático no puede olvidarse y debe abordarse. Mientras millones de personas estaban lidiando con la pandemia, también enfrentaron los desafíos del clima severo. Según el informe anual sigma del Swiss Re Institute sobre catástrofes naturales, este tipo de eventos causaron pérdidas económicas globales de 190 mil millones de dólares en 2020. Preocupadamente solo el 43% de éstas estaban cubiertas por un seguro, lo que significa que muchas personas se quedaron luchando por reconstruir sus vidas. En América Latina, solo el 18% de las pérdidas por catástrofes naturales fueron cubiertas por seguros durante la última década.

De los 190 mil millones de dólares de pérdidas económicas mundiales, el 71% se debió a lo que la industria de seguros denomina "riesgos secundarios". ¿Qué es un riesgo secundario? Son catástrofes naturales que suelen generar pérdidas de magnitud baja a media, pero que pueden ocurrir con relativa frecuencia. Estos incluyen "peligros secundarios independientes" como tormentas convectivas severas (incluyendo tormentas eléctricas, granizo y tornados), seguías, incendios forestales, nieve, inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra. También incluyen pérdidas consecuentes de peligros primarios, por ejemplo, de fuertes lluvias a raíz de un ciclón tropical, una marejada ciclónica inducida por una tormenta invernal o un incendio después de un terremoto. En los últimos años ha habido un aumento de las pérdidas asociadas a estos riesgos, que han incrementado debido al rápido desarrollo en áreas expuestas a condiciones climáticas severas.

Según la Organización de las Naciones Unidas, en 2020, 321,2 millones de personas vivían en las grandes áreas urbanas de América Latina y el Caribe y, entre 2020 y 2035, se espera que aumenten en 53 millones. Esta tendencia sugiere que las exposiciones a escenarios de pérdidas futuras tanto para riesgos primarios como secundarios continuarán creciendo en la región. Un desafortunado recordatorio de esto fue la llegada a tierra de dos poderosos huracanes de categoría 4, Eta, y de categoría 5, Iota en 2020. Nicaragua, Honduras y Guatemala se vieron fuertemente afectadas y su recuperación sigue siendo lenta, también debido a la baja penetración de los seguros en la región.

El principal peligro secundario en América Latina son las inundaciones de los ríos, las repentinas y las de las aguas superficiales (que ocurren cuando los sistemas de drenaje urbano se ven desbordados) después de un huracán. Los daños acumulados asegurados por inundaciones en la región de 2011 a 2020 correspondieron a $17, 200 millones[1] de los cuales solo el 7.2% fueron cubiertos por seguros.

Estos son solo algunos ejemplos del impacto económico que tienen las catástrofes naturales. Pero hay formas en que las personas pueden protegerse financieramente: las comunidades que están aseguradas contra desastres naturales se recuperan más rápido que las que no lo están. El seguro juega un papel clave después de una catástrofe natural.

Sabemos que la asequibilidad, el diseño de productos, la accesibilidad, la falta de conciencia o la poca comprensión del verdadero valor de los productos de seguros son desafíos que debemos abordar. Es por eso que trabajamos en estrecha colaboración con nuestros socios de seguros y corredores para mejorar el proceso de compra de los consumidores y brindarles un acceso más fácil a productos más simples. En pocas palabras, aumentar el acceso a los seguros es una situación de en la que todos ganan. Es positivo para nuestra industria, pero también para la gente de América Latina.

Si bien los seguros ayudan a que las sociedades sean más resilientes, también es importante tomar medidas para mitigar los efectos del cambio climático y evitar llegar a un punto de inflexión irreversible. Es por eso que las asociaciones públicas y privadas son esenciales para impulsar el cambio hacia un futuro más sostenible.

Si un virus puede provocar una crisis sanitaria y económica como la que enfrentamos actualmente, no tomar medidas contra el cambio climático supondrá consecuencias más graves e irreversibles.

 

[1] Precios de 2020.